La depresión es ese gran enemigo que todos temen sin saberlo. Algo invisible que avanza lentamente… primero el cerebro, luego el corazón, después las piernas, hasta que el cuerpo entero se convierte en un peso muerto que apenas se sostiene.

Si me preguntas qué es tener depresión, solo puedo describirla como un titiritero cruel manejando a un títere que aún conserva consciencia propia. Ese títere sabe que podría escapar, sabe que no quiere seguir en ese show, pero dejarse llevar por los hilos resulta menos agotador que aprender a caminar solo. No es pereza, porque la pereza nace de una decisión consciente. Esto, en cambio, nace del dolor. De la desilusión. Del vacío.

La depresión es, ante todo, una enfermedad egoísta. Te encierra en su propio mundo, clausura las salidas, y cuando por fin logras encontrar una puerta, ya no te quedan fuerzas para cruzarla. Pero no sólo es egoísta en sí misma, pues también transforma a quien la padece. Bajo su influencia, decisiones que antes parecían moralmente cuestionables comienzan a tener alguna clase de lógica. Lo inmediato se vuelve prioritario, aunque sea temporal o dañino, porque la depresión sólo entiende el presente. Esa es su trampa más cruel, ya que si tu presente es vacío, ese vacío termina tiñendo también tu pasado y tu futuro. Todo se vuelve nada.

Lo más difícil es que los demás no lo comprenden. Te llaman vaga, exagerada, antisocial. Pero eso no es lo que eres, sino lo que esta enfermedad hace de ti. Te vuelves transparente para los demás y, paradójicamente, también para ti misma. La depresión actúa como una lámina oscura que impide ver más allá, que desconecta la mente del momento presente y que convierte cualquier intento de autorregulación en algo casi imposible. Antes de poder gestionarte, ya te ha convencido de que todo es tu culpa, y esa lámina oscura no deja ver tus sentimientos reales.

Y sin embargo, la depresión no lo es todo. No significa que nunca puedas ser feliz. Si haces memoria, si es que puedes, – porque muchas veces la cabeza se queda tan pegada a un pensamiento que recordar cuesta-, verás que incluso en los peores momentos hay pequeñas grietas por donde se cuela algo parecido a la alegría. A esos momentos hay que aferrarse con todas las fuerzas. Necesitas encontrar algo a lo que anclarte, una idea, un pensamiento… Ayuda pensar que en unos días esto habrá quedado atrás, que el tiempo pasa más rápido de lo que parece, y que lo que hoy se siente eterno, – especialmente en la adolescencia- mañana se recordará como un instante. Eso da paz. Porque ayer fue ayer, y aunque haya sido el día más lento de tu vida, ahora lo recuerdas como si hubiesen sido minutos en lugar de veinticuatro horas.

Si no encuentras ese ancla, por favor, ve al psicólogo. Sin miedo, sin vergüenza. Cuéntale tus problemas, porque te aseguro que habrán escuchado cosas mucho peores. Guardártelo sólo hace que todo crezca, como una bola de nieve que no para de rodar. Si lo dejas sin atender, en algún momento sólo serás el peso acumulado de todo lo que no dijiste.

Parece que no hay luz al final del túnel. Y puede que cueste encontrarla. Pero la vida es larga y tendrás más de una oportunidad. Tienes tiempo para reparar lo que sientes roto, para cambiar lo que quieres cambiar, para convertirte en quien quieres ser.

Empieza el cambio, aunque sea el paso más difícil que hayas dado. Y sí, va a doler. Estar mal puede ser como una cama llena de pinchos, pero pinchos a los que te has acostumbrado. Salir de ahí incomoda, porque obliga a asumir hábitos y patrones que se han vuelto parte de ti, como el de odiarte. Pero puedes hacerlo. Siempre hay tiempo, incluso cuando no lo parece. Siempre hay oportunidades, aunque haya que buscarlas.

No tengas miedo a vivir. Ten miedo, si acaso, a desperdiciar tu vida. Vive como nunca has vivido. No dejes que ese mal compañero llamado depresión te detenga.

Y POR FAVOR, recuerda reconocerte como persona. No sólo en lo malo, que eso ya se hace solo y con preocupante facilidad. También en lo bueno. La falta de autoestima nos ciega, nos quita la capacidad de ver la realidad con claridad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.